jueves, 1 de marzo de 2018


“¿VOLAR ERA MAS DIVERTIDO ANTES DE LAS PELICULAS A BORDO?”

Si el futuro del entretenimiento a bordo son los aparatos de realidad virtual y el presente son las películas, la música y el wifi, entonces el pasado era una cuestión más social que consistía en barajas, conversaciones y cocteles.

Las aerolíneas de la actualidad están en una carrera por ofrecer las emociones digitales más novedosas para impedir que los pasajeros obsesionados con los dispositivos hagan críticas negativas y opten por los rivales más avanzados en cuanto a tecnología.


Pero hubo un tiempo en el que volar en sí era novedoso. Como lo revelan las imágenes de la diversión en los vuelos del ayer, proporcionadas por AirlineRatings.com, si necesitabas entretenimiento adicional, básicamente te las arreglabas como pudieras o aprovechabas los tragos sin costo.

Pasajeros emocionados

La primera película en vuelo se proyectó en 1921; se trató de un corto titulado Howdy Chicago, en un vuelo de Aeromarine Airways hacia esa ciudad.

Además, los primeros barcos voladores que hacían el trayecto de Londres a Australia en 37 días, en la década de 1930, tenían tiempo y espacio para jugar a los aros, al golf o para pasear en la cubierta.

Sin embargo, las películas se volvieron algo usual en los vuelos hasta principios de la década de 1960.


"Volar en las décadas de 1950 y 1960 era muy diferente: seguía siendo el reino de los más ricos, a quienes les daba gusto sumergirse en clásicos como Guerra y paz", explica a CNN Travel Geoffrey Thomas, editor en jefe de AirlineRatings.com.

"A los pasajeros les emocionaba tanto viajar en jet que era entretenimiento suficiente".

Sofisticación

Incluso en los primeros 747 de la década de 1970, se proyectaba una película preseleccionada y podías escucharla con unos audífonos estilo estetoscopio, que consistían en un tubo de plástico con un audífono.

Las pantallas minúsculas, de 2.7 pulgadas, se instalaron en los respaldos de los asientos en 1988. Pronto, las aplicaciones con las que puedes tener acceso a contenidos personalizables desde la nube (que ni siquiera eran un concepto en 1988) serían la norma.

El entretenimiento ya no tiene nada que ver con los días en los que la cúspide de la sofisticación era un buen gin & tonic y una buena partida de rummy.

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