miércoles, 31 de mayo de 2017


“EN ESTA COLONIA ESPAÑOLA VIVE UN PROTOTIPO DE LA SAGRADA FAMILIA”

"…casi frente a la Torre Eiffel, cruzando el río Sena, se encuentra el Palacio de Chaillot. Ahí, en junio de 1878, se celebró la Exposición Universal de París, la más grande del mundo hasta ese momento. Conocido entonces como del Trocadero, el Palacio, así como sus patios, estaba capacitado para recibir a 13 millones de visitantes que buscaban la gran novedad industrial, tecnológica o artística. Ahí estaba la Bell Telephone Company, de Alexander Graham Bell, presentando 'su' teléfono. También estaba Thomas Edison mostrando un fonógrafo, mientras en el patio la gente hacia fila para ver la cabeza auténtica de la Estatua de la Libertad… y entre los nombres de los expositores estaba también el del catalán Esteve Cornella, dueño de la Guantería Cornella de Barcelona. Él, había apostado por llevar sus guantes a la Expo dentro de una bella vitrina de madera y vidrio, adornada con una punta de metal con curiosas formas vegetales, obra de un joven arquitecto de su tierra, Antonio Gaudí…"

La guía se detiene, justo ahí, y con un toque dramático, digno de guía, toma aire. Lo ha dicho todo tan rápido que no le queda más que respirar. Su idea es contar la historia de cómo Gaudí conoció a su mecenas, el industrial y entonces diputado provincial, Eusebi Güell y hacerlo antes de que la audio guía le gane la historia. Quiere contar cómo crearon un Barcelona mágico que concluyó con su último gran proyecto social, la Colonia Güell, ubicada en las faldas de la montaña de Montpedros, en Santa Coloma de Cervelló, donde, justo cuando se toma la pausa, estamos parados luego de cruzar desde la estación del Ferrocarril.

Ella (que no es en realidad una guía, sino la amiga catalana de una amiga mexicana), toma un sorbo de agua y está lista para volver a comenzar. Ahora cuenta que, por los pasillos de la Exposición, Güell se encontró con Esteve, al que solía comprarle guantes, y le llamó la atención la vitrina. Preguntó por el creador y al saber que Antonio era catalán, le pidió ayuda al guantero para citarlo a su regreso a Barcelona. El señor Cornella aceptó y arregló la reunión en el taller del maestro carpintero Eudald Puntí, donde trabajaba Gaudí y donde creó la vitrina que Güell vio en París. "Tras conocerse, el empresario le encarga varios muebles para su suegro, el marqués de Comillas (en específico los de la capilla del Palacio de Sobrellano, en la Cantabria, España), apoyándolo económicamente mientras Gaudí trabaja en su primer proyecto como arquitecto: la sede social de la Cooperativa Obrera Mataronense, en Mataro (Cataluña), hoy conocida como la Nau Gaudí, encargada de guardar la Colección de arte contemporáneo del publicista Luis Bassat y de mostrar los primeros juegos del arquitecto catalán con las bóvedas y los arcos", remata.


Hemos caminado más de doscientos metros frente a la gran fábrica que le dio vida a la idea de la colonia y llegamos hasta la calle de Ferran Alsina, donde termina la piedra angular de toda la colonia. "Es por esa fábrica que en 1890 todo cambió y apareció un punto de partida de un nuevo Antonio", insiste ella, con ese peculiar afán de llamarlo por su nombre, comenzando a contar el capítulo en el que "con total libertad, y junto a sus compañeros Francesc Berenguer y Joan Rubió, Gaudí decide crear los planos de una colonia obrera con personalidad propia, bajo la premisa de generar un espacio de vida digna, continuando con la colaboración al lado de Eusebi, para quien ya había trabajado en los Pabellones y el Palacio Güell".

Unos metros después de que desaparezca el discurso sobre la fábrica (y la fábrica) aparece la primera prueba de la propuesta arquitectónica del trío y hasta ahora, para ser justos, no hay flashes ni selfie sticks. No hay filas ni cervezas de euro. Sólo 800 habitantes haciendo su vida diaria y dos invasores prácticamente solos frente a la vivienda Ca l'Ordal, creada en 1894 por la mano derecha de Gaudí, Joan Rubió. "Ahí, todo está ahí: el culto al ornamento, la pasión por la geometría, los nuevos materiales, la incorporación con la naturaleza… y también está unos 100 metros después en la Antigua Cooperativa de Consumo, construida en 1900 por Berenguer y el mismo Rubió, y al final del camino en la Casa Parroquial, creada en 1917 también por Berenguer, señal en el mapa de que estamos a pocos pasos de 'la maqueta de Antonio'", concluye al llegar a la reja verde que buscábamos.

"Cuando, en 1910, el rey Alfonso XIII le otorga el título de Conde a Eusebi Güell, lo hace premiando su aporte económico y cultural a España. Pero también lo hace para premiar su papel como el mejor mecenas de la historia", asegura ella, que lleva ya varios minutos peleando con la audio guía por el poder de la verdad. Estamos frente a la reja de la Cripta Güell y un guardia de seguridad, que en realidad podría ser un vecino de la Colonia, pide los boletos. No hay más filtro y ahí, enfrente, está "el experimento que le permitió trazar a Gaudí las ideas más arriesgadas antes de ponerlas en práctica en la Sagrada Familia"… lo dice ella. Lo dice Internet. Lo dicen las biografías de Gaudí y, ahora también, la voz que sale por los audífonos.

Cerámica. Vidrio. Madera. Cantera…objetos maleables. Una adecuación a las formas del terreno. Curvas Sombras. Algo ajeno totalmente. Sí y con cliché, fuera de este mundo. La misma sensación de La Sagrada Familia, pero con la diferencia del silencio. No es que ese sea el plus, pero en una ciudad donde un arquitecto atrae mucho más que Messi, poder tener tranquilidad ante una obra de Gaudí, termina por sumar y mucho. Esto no lo dice la audio guía, que prefiere recorrer el camino cronológico: "en 1898, Güell le presenta la iniciativa de hacer una iglesia para los obreros. Le da toda la libertad y el dinero para trabajar. Gaudí, que se encuentra dedicado en ese tiempo a la construcción del Parque Güell, de la Casa Batlló y de la Casa Milà (La Pedrera) tarda 10 años en arrancar la obra y, en 1908, tras habilitar el pequeño cerro donde se encuentra la Cripta como su taller, coloca la primera piedra de lo que él buscaba fuera su proyecto más ambicioso de vida: una iglesia con dos grandes niveles, con unas espectaculares torres laterales y una torre central de cerca de 40 metros de altura".

No hay nadie dentro de la Cripta, como bautizó la iglesia al nivel inferior del proyecto luego de que fuera cancelado por los hijos de Güell, tras su muerte, en 1918. Estamos ella, yo y sus conclusiones: "aquí unió todas sus ideas. Los arcos, el dinamismo en los interiores, la fusión del edificio con la zona, el uso de muchas texturas, lo ornamental, el juego de la luz y los vitrales, la fusión con los colores de la vegetación… la mayoría afirma que aquí tienes prácticamente La Sagrada Familia en escala", sentencia.

"Restaurada en varias ocasiones por la Diputación de Barcelona, fue nombrada Patrimonio de la humanidad por la UNESCO, en 2005, así como Bien cultural de interés nacional…", repite la audio guía y hasta parece que hay un poco de orgullo en el tono de voz, a pesar de lo mecánico que puede resultar. El mismo orgullo que muestra una profesora catalana que acaba de entrar a la Cripta con 10 alumnos a los que les explica como el edificio de piedra basáltica es un símbolo de la culminación de una colaboración única y de una amistad que dejó beneficios a las dos partes. Les insiste en cómo es que aquello de 'la prueba y el error' a veces ayuda a crear y para finalizar, los hace ir hacia aquel lugar común donde la obra de Gaudí se define, por sobre todas las cosas, como 'inconclusa' dejando su última sentencia para el final: "chicos, ésta es la maqueta de La Sagrada Familia…".

Ella, que había apagado la audio guía casi desde el primer minuto, sonríe y asiente a lo lejos. El eco de la Cripta la dejó escuchar también a la profesora y cree que, si la maestra tiene razón, por tanto, ella tiene razón y grita, sí, dentro de una obra de Gaudí y la escucho: "Ves, te lo dije, ésta es la maqueta de Antonio".


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