martes, 11 de julio de 2017


 “EL DRAGON DORMIDO DEL RIO LI”


Un inmenso dragón procedente del mar de China llegó volando hasta el territorio de Guangxi y quedó prendado del verde de sus prados y de la belleza del río Li. Allí decidió quedarse para siempre, prendado e inmóvil. Su silueta acabó formando este conjunto de montículos redondeados y formas imaginativas que se admiran a lo largo del recorrido entre las ciudades de Guilin y Yangshuo.



Las voces matutinas y la música penetran en la habitación del hotel Shuixiu Yueya Banshan, situado en el corazón del parque de las Siete Estrellas, uno de los lugares más bonitos de Guilin. La ciudad, con cerca de 1,3 millones de habitantes, no tiene la apariencia de una gran metrópoli. Al contrario, conserva, entre sus grandes espacios verdes, sus dos ríos y cuatro lagos, el aspecto de una ciudad mediana, eso sí, totalmente dedicada al turismo. Durante todo el día el parque de las Siete Estrellas se llena de gente que pasea, hace ejercicio o baila al son de la música tradicional. El Shuixiu Yueya Banshan tiene una piscina excavada en la roca y su ubicación es realmente excepcional (quienes se alojan aquí tienen la entrada gratuita al parque).

El pueblo medieval de Daxu es el lugar perfecto para comprender cómo era la vida en la remota China interior

Un par de días en Guilin son lo mínimo para recorrer esta ciudad, atractiva de día y de noche, cuando sus calles se animan y el centro está a rebosar de puestos callejeros donde probar la gastronomía de Guangxi, en especial los deliciosos fideos de arroz (Guilin Mifen) o el aderezo picante (o superpicante) a base de guindillas mezcladas con ajo que se vende en centenares de puestos. Imprescindible un paseo por la zona peatonal de Zhengyang y el mercado nocturno, contemplar las aguas tranquilas de los cuatro lagos, de uno de los cuales, el Shan Hu, emergen las dos pagodas gemelas, Riyue Shuangta (del Sol y de la Luna), una foto obligada, sobre todo cuando se iluminan al caer la tarde si se es amante de los decorados un poco kitsch. La fundación de la ciudad tuvo lugar durante la dinastía Qin, hace 2.000 años, y, aunque nunca fue ciudad imperial, conserva un valioso patrimonio histórico enmarcado por las famosas colinas cársticas que atienden a nombres tan descriptivos como la Media Luna o Trompa del Elefante.


Guilin es la puerta de entrada al paisaje irreal y maravilloso de la provincia de Guangxi, con sus montañas redondeadas y formas alucinantes. El viaje hasta Yangshuo siguiendo el curso del río Li debe hacerse por carretera —el Lijang está actualmente cortado en varios tramos—, aunque hay pequeños cruceros que recorren el Li en las inmediaciones de Guilin y que permiten extasiarse con el paisaje. La opción terrestre —son 80 los kilómetros que separan ambas ciudades— permite además un mayor contacto y conocimiento del territorio.


Daxu


La primera parada, a 17 kilómetros de Guilin, es el pueblo medieval de Daxu, perfecto para comprender cómo era la vida en la remota China interior, aunque la sobreexplotación turística del lugar sobrepasa a veces al viajero. Perfecto para las compras, sobre todo antiguos objetos de la China precomunista que han llegado hasta hoy a pesar de la Revolución Cultural. Las casas desvencijadas de aquellos tiempos esperan restauración y hay en Daxu iniciativas para recuperar algunas de ellas y convertirlas en hotel boutique. El Li baña los flancos de Daxu y en el puerto fluvial se alquilan barcas de bambú para surcar el río y contemplar la belleza del paisaje.


La ruta sigue hacia Yang Di. Lo mejor es hacer el trayecto en taxi y seguir luego hasta Xing Ping. Una vez allí, hay que embarcarse de nuevo en una balsita para disfrutar de cerca de fenómenos naturales tan espectaculares como el acantilado de 100 metros conocido como la Colina Mural, admirar miles de montículos cársticos y curiosidades como el paraje inmortalizado en el billete de 20 yuans.



Yangshuo


Encontrar alojamiento en los alrededores de Yangshuo es fácil; la oferta es muy buena ya que abundan los aficionados al senderismo y a la escalada. Es muy agradable dormir en pequeños hotelitos que se mimetizan con el entorno y ofrecen un servicio impecable, como el Yangshuo Tea Cozy, situado frente al río Yulong.


El Yulong es conocido como el pequeño Li, aunque su longitud es de 643 kilómetros (y es que, en China, todo es a lo grande). Estamos en una de las zonas más bonitas de la ruta, la comprendida entre el puente de Yulong en Baisha Town hasta el árbol Banyan (Da Rongshu en chino). Situado a unos 10 kilómetros al sur de ­Yangshuo, este árbol fabuloso, una higuera de Bengala con una altura de 17 metros y de 1.700 años de antigüedad, es una de las visitas obligadas en el paseo en barca.


Y fin de ruta en Yangshuo, una ciudad pequeña (no un pueblo, aunque hasta hace poco lo era) y encantadora. Con unos 300.000 habitantes, posee un centro atractivo en el que destaca la calle del Oeste, con toda suerte de locales apetitosos donde comer y miles de tiendas para comprar de todo.


Para conocer bien la zona es imprescindible alquilar una bicicleta o, aún mejor, optar por una moto eléctrica. Lo siguiente es lanzarse por las pequeñas carreteras para descubrir los recovecos de este tranquilo paraje, los pueblecitos aislados y hotelitos que se esconden en caminos sin asfaltar. Hay varias excursiones posibles, una de ellas es la que sube hasta la montaña de la Luna, con impresionantes vistas en la cima desde donde se observa el lomo verde del dragón dormido reflejándose en las aguas del río.

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