martes, 22 de enero de 2019


“VISITAR MÓNACO EN UN DÍA Y NO PERDERTE NADA”

Aunque toda la Costa Azul es una zona muy lujosa y la vida allí es bastante cara, Mónaco podría ser considerado el representante por excelencia. Y eso que es el segundo país más pequeño del mundo, con una extensión de 1’95 kilómetros cuadrados, por detrás de El Vaticano. Por ello, visitar Mónaco en un día puede resultar interesante y divertido para todos.

Lo primero que nos sorprendió fue su abarrotada construcción en altos bloques de apartamentos, concentrados y encajonados entre la ladera de la montaña y el mar. Apenas dejan espacio a las estrechas calles y, eso sí, a los cuidados y brillantes jardines.


El Palacio del Príncipe para comenzar a visitar Mónaco en un día

Nada más llegar a Mónaco fuimos directos a la colina sobre la que se encuentra el Palacio del Príncipe, con la esperanza de ver el cambio de guardia al mediodía. Sin embargo, lo más sorprendente que encontramos allí fue al mismísimo inquilino del palacio, Alberto de Mónaco.

De repente, los guardias nos prohibieron pisar la calzada, sin que supiésemos por qué, y, sin previo aviso, pasó rápidamente ante nosotros un coche oscuro en el que se dirigía el príncipe, quien iba saludando a los visitantes. Suponemos que esta situación se repetirá de cuando en cuando, así que quién sabe si a ti también puede sucederte en tu visita a Mónaco.

Desde la colina del palacio se disfruta de bonitas vistas de todo el principado, con su mar azulón como telón de fondo. Desde ahí, puede callejearse por los alrededores y entrar a las tiendas de recuerdos que se concentran en el barrio de Monaco-Ville. Si vas a comprar algo, recuerda que los precios aún se señalan en dos monedas: el euro y el franco monegasco.


De Monaco-Ville a Montecarlo

Continuamos la visita en la Catedral de Mónaco, donde se encuentra la tumba de Grace Kelly, la actriz estadounidense -y primera plebeya– que se convirtió en princesa. Su entrada en la familia Grimaldi en 1956 revitalizó la vida del país y atrajo a múltiples inversores.

Junto a la Catedral está el Palacio de Justicia de Mónaco. Fue construido en 1924 y, como curiosidad, se utilizó toba marina, una piedra que contiene una gran cantidad de cáscaras de moluscos, la misma con la que se levantaron las murallas de la ciudad.

Mónaco está dividido en barrios, aunque los más turísticos son Monaco-Ville, donde comenzamos el día, y Montecarlo, hacia donde nos dirigíamos. Por el camino, entramos en el famoso Oceanográfico. Observar pececillos de colores y hasta tiburones y rayas siempre es curioso, aunque los tanques no eran especialmente impresionantes, y las salas estaban abarrotadas de turistas.


El Casino de Montecarlo

El día iba llegando a su fin. Caminamos unos minutos más, subiendo y bajando pendientes, y vimos por fin el famoso Casino de Montecarlo, en el que se amasan grandes fortunas, pero nunca a costa de los 36.000 monegascos, quienes tienen prohibida la entrada. El Gobierno de Mónaco es dueño mayoritario del casino, por lo que este supone una gran fuente de ingresos extranjeros para el país. Esto permite ofrecer grandes ventajas fiscales a sus residentes. Como curiosidad, sólo 8.000 personas tienen la nacionalidad monegasca, el resto son inmigrantes atraídos por este pequeño paraíso.

Ante el casino, los clientes piden a viva voz a los mozos que aparquen su potente coche, casi deseosos de que los turistas los miren, se sorprendan, y hasta les saquen una foto. Es por aquí también por donde pasa el famoso circuito de Mónaco de Fórmula 1.

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